Manifiesto Fundacional

En alguno de sus escritos, Ray Bradbury confiesa haber desarrollado el admirable hábito de escribir “un cuento a la semana”, habito que ha mantenido desde sus 20 años con el firme convencimiento de que, en el oficio literario, “no existe calidad sin cantidad”.

En medio del montón de cosas que nos abruman cada día, de los acontecimientos históricos o las angustias y alegrías personales, casi pisándose los talones unos a otros, a veces por ansiedad, otras por esa hipocresía con la que disfrazamos nuestra pereza de una contemplación profunda, incapaz de ser sometida a los ritmos de la vida práctica, el resultado final es que mientras el mundo más nos exige reflexión, coraje y autenticidad, más motivos nos da a la vez para atrincherarnos en los lugares comunes y el abandono; abandono cómodo y lujoso el de los privilegiados, grasiento, pesado y difícil el de la mayoría de los hombres, pero abandono al fin.

Sin pretender que la escritura deba estar reducida a un uso instrumental, de análisis constante de la realidad o desmontaje de las ideas falsas (¿dónde quedarían la poesía o la fe en esta absurda simplificación?), sí es verdad que la palabra escrita, entre arte y negocio, pertenece, como tantas otras cosas, al patrimonio más valioso del ser humano, y que los devenires de este (desde los romances adolescentes hasta los grandes acontecimientos políticos) no pueden serle ajenos.

Por este motivo, a la vez de compromiso social y de autorealización (Walt Whitman podría argumentar que son ambas la misma cosa) dominar el arte de escribir, y dominarlo bien, se vuelve un deber impostergable; dominarlo en todo su potencial y en todos sus nobles usos, y es por ello que, siguiendo las recomendaciones del amigo Bradbury, la necesidad del hábito de escribir, de forma regular, es también impostergable.

Pero, ¿Por qué un blog? Vale la pena preguntar. Si el propósito de esta actividad es disciplinar la pluma sin ningún tema en especifico, a la espera de motivos mayores, ¿por qué una publicación? ¿por qué no la tranquila privacidad de un cuaderno a rayas o de un documento de texto en el escritorio de la pc? La verdad es que todas estas alternativas son igualmente viables y han probado ser efectivas en el pasado, pero tal vez la idea de hacer publico el trabajo (por escasos o inexistentes que sus futuros lectores sean) sirva para imprimirle al habito un mayor sentido del deber.

Sea cual sea la naturaleza última de su génesis, este no es un blog dedicado a la calidad sino a la cantidad, por nuestra convicción (errónea tal vez, ejemplos de lo contrario no deben ser difíciles de encontrar) de que la segunda es consecuencia eventual de la primera.

El fracaso de nuestra empresa no nos acarrearía mayores perdidas y en el peor de los casos, si el tiempo nos prueba equivocados y la anhelada musa jamas nos encuentra, sin importar lo duro que trabajemos, entonces nos quedara al menos el placer personal (mas no por ello inútil) de mirar atrás en un futuro y constatar que la marea nos ha traído un hermoso sedimento de textos mediocres.

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